El día laboral y la comida…

Creerías que comer en la oficina en Madrid sería igual que comer en la oficina en Nueva York pero os puedo asegurar que no es así… hay matices, como suele pasar.  A primera vista, la experiencia se parece mucho pero la verdad es que es bien distinta, y no me refiero sólo a lo que se come en Nueva York comparado con lo que se come en Madrid. 

Empecemos con la actitud ante la comida durante el día laboral… para los trabajadores neoryorquinos es algo que hay que hacer pero suele interrumpir el ritmo del día laboral y muchas veces se considera una molestia. De hecho, lo más normal es que la gente pilla un sandwich o una ensalada y come delante de sus ordenadores… y no para revisar sus cuentas de facebook o sus cuentas personales de correo electrónico, sino para seguir trabajando (aunque desde luego hay pruebas que indican que – a pesar de ser muy habitual – es totalmente contraproducente).

En Nueva York, si trabajas en un lugar en él que te ofrecen un sitio dónde puedes comer o bien una cafeteria o bien un lugar donde puedes comer la comida que has traido de casa o que compraste por ahí, pues lo más normal  es comerlo directamente del tupper, quizás con cubiertos de plástico o con lo que has traido de casa.  Cuándo yo trabajaba en una multinacional por Wall Street, teníamos una cafeteria pero nunca comíamos allí… era terrible y dada la opción, preferiríamos quedarnos a comer en nuestra oficina. Pero teníamos un lugar al lado en el edificio de JP Morgan dónde podrías comprar comida de distintos puestos de comida o llevar la comida de casa y sentarte en las mesas que tenían puestas para la gente… pero siempre era como comer en una carrera porque siempre estabamos comiendo con muchísma prisa y en invierno ni siquiera quitaríamos los abrigos porque no merecía la pena. Además, no te escapabas del estrés de la oficina porque estabas rodeado de gente con el mismo nivel de estrés o más que tu y además había un eco debido al diseño estructural del lugar… además, muchas veces ni siquiera encontrabas una mesa dónde sentarte y teníamos que sentarnos en algun banco…

Recuerdo mi primer trabajo en Madrid y cómo a mí me resultaba tan extraño que la gente preparaba platos tan elaborados para comer en la oficina… o sea, quiero decir… llevaba tanto el típico primer plato como el típico segundo plato, y el postre!! Eso me chocaba muchísimo porque en primer lugar, qué cantidad de comida!! O sea, con comer todo esto tardarías tiempo en comerlo… pero claro, teníamos dos horas para comer así que tiempo había… y otra cosa que me chocaba es que la gente tomaba las dos horas que recibían para comer… en NY siempre tendríamos una hora – legalmente – para comer pero sólo tomabamos la hora si había colas para comprar la comida o si salíamos con algún cliente o el jefe!  Recuerdo también como había tanto tiempo que en Madrid durante la comida la gente tenia tiempo para  salir a la calle y dar una vuelta por el barrio o incluso pasar por El Corte Inglés que estaba a tres manzanas de aquella oficina.

Sin embargo, como ya sabía que la comida era tan importante en España, pues la cantidad de la comida no era lo que más me chocaba… lo que más me chocaba era la elegancia con lo que comían mis compañeros en el curro!! No quiero decir que comían con tenedor y cuchillo o que no hablaban mientras masticaban… sino me refiero a los preparativos.  Para empezar, la idea de comer delante del ordenador les horrorizaba… pero también puedo añadir aquí que la idea de no bajar con ellos a tomar el “café” por la mañana era motivo para mirarme como si yo fuera el bicho raro del grupo. Esas excursiones a tomar el café por la mañana era algo sagrado pero – al principio – a mí no me entraba en la cabeza cómo podría justificar que bajaba todas las mañanas durante 20 (y normalmente 30+) minutos a tomar café con mis compañeras.  (¡He de insertar aquí que aunque tardé unos dos años en aceptar o incorporar el arte de bajar a tomar el café… desde entonces no he mirado atrás y ahora la idea de no bajar a tomar el café – a no ser que haya algo urgente, claro – tampoco me entra en la cabeza! jaja!)

Así que, hacía el esfuerzo – y creedme, al principio era un esfuerzo porque iba en contra de mi “naturaleza” en aquel momento – de comer al menos unos días con mis compis.  En ese lugar, compartiríamos mesa…. era más bien una sala de conferencias que usamos nosotros como comedor.

A diferencia de Nueva York cuándo la gente se va a comer cuándo le apetezca o mejor dicho, cuándo pueda escapar un ratito (y normalmente no llega ni a una hora), en Madrid todos los días comíamos todos a la misma hora y las veces que llevaba comida pues comía con ellos en el comedor/sala de conferencias.  Y aunque a mi me chocaba el escenario, fui yo la rara porque casi nunca preparaba en casa la comida, siempre saliendo a comprar algo por ahi y luego volviendo a la oficina con él (como se hace en NY… claro…) y si compraba algo por ahí o la rara vez que llevaba un tupper desde casa con mis platos “típicos” de couscous o lo que fuera… me los comía directamente desde el envase o desde el tupper… cosa que sólo me di cuenta que era algo totalmente extraño cuándo mis compañeros me llamaron la atención.

Veréis… aunque no teníamos un comedor sí teníamos una pequeña cocina dónde se guardaba los platos, los vasos y los cubiertos….. y todos los días los españoles (yo era la única guiri en ese momento, salvo dos mujeres uruguaya e italiana pero ellas eran ya casi españolas) muy a mi sorpresa…. pondrían la mesa como si estuviéramos en casa (en una casa en España… claro)… con el mantel puesto y todo!

Esta experiencia se repetiría en casi todos los lugares dónde trabajaba después de ese curro… salvo en el trabajo cuándo trabajaba casi exclusivamente con mis queridas compatriotas y alguna se portaba como los españoles (sacando la comida del tupper…. pero ella es otra cuasi-española) pero las demás comíamos los platos que traíamos de casa desde el tupper…

Os puedo asegurar…. que echo de menos esa “elegancia” a la hora de comer… tanto la preparación de los platos tan bonitos (y tan ricos!!) que llevarían mis compis de trabajo, como la preparación de la mesa, así como la tranquilidad con la que comíamos durante el día laboral… así recuperando fuerzas para volver por la tarde de manera positiva.

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4 respuestas a El día laboral y la comida…

  1. Miguel Jusdado dijo:

    me ha encantado. Tengo un amigo que aprovechando que vive cerca del trabajo, incluso se echaba una siestecilla antes de volver al trabajo. Imagino la cara de tus compatriotas si se cuentas.

  2. Allison Rohe dijo:

    Yo recuerdo, también de ese primer trabajo mío en Madrid, que también había una compañera que vivía cerca de la oficina y siempre volvía a casa para comer. Recuerdo que el mero hecho de que volviese a casa para comer me sorprendía pero al charlar con ella y enterarme que también echaba una siesta de unos 15 minutillos…. me dejó totalmente alucinada. Confieso que al principio me resultó tan extraño que creía que igual le pasaba algo, pero después llegué a pensar que tiene mérito tener esa capacidad de irse a casa y hacer tantas cosas y luego volver por la tarde a currar. Eso sí, preferiría no tener tanto tiempo para comer e irme antes a casa (o irme pronto a casa los viernes).

  3. Ana dijo:

    Yo me echo siestas hasta en la silla del despacho, juntando dos, jajajjaja.

    Por cierto, hoy como en la cocina de la oficina, y me he traído caldito de pollo, y de 2º, filetitos de lomo, y de postre, tenemos bollos que traje de Canarias!

    Y por supuesto, todo ello servido en mesa con salvamanteles, platos, cubiertos, vasos…hasta jarra de agua se usa aquí!

    jajajaj

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